Pese a los recortes del 2025, el Gobierno Nacional todavía sigue gastando por encima de sus capacidades de caja.
El panorama fiscal con el que Colombia inició 2026 deja ver que las tensiones sobre las finanzas públicas no desaparecieron con el cierre presupuestal del año pasado y, por el contrario, podrían intensificarse durante la nueva vigencia; según se observa en el más reciente seguimiento fiscal del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), que muestra cómo el presupuesto actual nace en medio de presiones simultáneas sobre ingresos, gasto, deuda y liquidez del Gobierno Nacional Central.
Según el documento, el presupuesto aprobado para 2026 asciende a $547 billones, con una composición dominada por los gastos de funcionamiento que concentran el 65,5%, mientras la inversión representa el 16,2% y el servicio de la deuda el 18,4%. Sin embargo, advierten que estas apropiaciones no tienen en cuenta las alertas de desfinanciamiento y recorte del gasto que hay en el país.
Dicho de forma simple, el ajuste fiscal todavía no está incorporado plenamente en las cuentas públicas y por eso el Carf señala que el escenario fiscal definitivo dependerá de la actualización del Plan Financiero y del cierre fiscal preliminar, dejando abierta la posibilidad de nuevos recortes o modificaciones durante el año, en un contexto donde las restricciones de caja comienzan a ganar protagonismo dentro del análisis fiscal.

Un crecimiento que no alcanza
Este diagnóstico se vuelve más claro al revisar el comportamiento de las finanzas en 2025, puesto que aunque el recaudo tributario mostró un crecimiento importante, los ingresos no lograron cumplir plenamente las metas oficiales.
“El recaudo bruto alcanzó $296 billones, equivalente a un aumento de 11,2% frente al año anterior, mientras el recaudo neto llegó a $270,4 billones, con un crecimiento de 11%. Aun así, esta cifra fue inferior a la meta consistente con el Marco Fiscal de Mediano Plazo, y en particular, el recaudo neto quedó $9,9 billones por debajo de la meta de la DIAN y también ligeramente por debajo de las proyecciones”, acotaron.
En este punto vale la pena tener presente que el principal rezago se concentró en el impuesto de renta, cuyo recaudo estuvo $11,2 billones por debajo de lo esperado, mientras el IVA y los tributos externos registraron desempeños ligeramente superiores a las proyecciones oficiales.
A pesar de este dinamismo en los ingresos, el gasto público mantuvo una trayectoria elevada, ya que el gasto fiscal total alcanzó el 22,9% del PIB en 2025, mientras el gasto primario llegó al 20% del producto y por eso, desde el Carf pusieron el dedo en que el gasto primario representó el 104,4% de la meta prevista en el Marco Fiscal, un nivel de ejecución que superó lo planeado incluso antes de contabilizar el pago de intereses.

El Carf también indicó que el Gobierno realizó un recorte presupuestal por $16,2 billones en diciembre de 2025, dividido entre funcionamiento e inversión, con un impacto fiscal estimado de $14,9 billones. No obstante, sostuvo que el ajuste llegó al final del año y no logró modificar de manera sustancial la trayectoria del gasto acumulado, que terminó consolidando un desequilibrio entre ingresos y egresos.
Como resultado, el balance fiscal continuó deteriorándose y en este momento se estima preliminarmente que el déficit total del Gobierno habría cerrado en 6,3% del PIB, mientras el déficit primario se ubicó en 3,4% del PIB; mientras que el balance primario se desvió en un punto porcentual frente a la meta del Marco Fiscal y la deuda pública siguió aumentando.
“El saldo de la deuda alcanzó el 64,7% del PIB en diciembre, tras incrementarse 0,9 puntos porcentuales frente al mes anterior. Este aumento ocurrió en medio de un crecimiento simultáneo de la deuda interna y externa, lo que evidencia que la financiación del déficit continúa dependiendo de mayores niveles de endeudamiento”, dijeron desde el Carf.
Los caminos para financiarse
El informe también llama la atención sobre los cambios en la estructura de financiación, que llevaron a que en diciembre, la financiación de corto plazo representara el 19,6% de la financiación interna, una cifra significativamente superior al promedio de los últimos cuatro años, que se ubica en 10,7%. Paralelamente, la participación de los TES descendió frente a los niveles históricos observados desde 2021.

Estas dinámicas coinciden con niveles elevados de instrumentos de liquidez del Tesoro frente a los cuales el Carf señala que los saldos de TCO y depósitos del Tesoro permanecen por encima de sus promedios históricos recientes, tras una mayor utilización de mecanismos de financiamiento de corto plazo para atender necesidades inmediatas de caja.
Y es que precisamente, la evolución de la caja se convierte en uno de los elementos más sensibles del análisis, dado que con corte al 30 de enero de 2026, la caja en pesos ascendía a $9,9 billones, tras aumentar $1,4 billones frente a diciembre, aunque el documento advierte que los niveles de la caja se mantienen por debajo del mínimo histórico”; manteniendo el margen reducido de liquidez.
“La disponibilidad de caja se ha ubicado en mínimos históricos desde finales de 2024. El CARF desconoce la posición de caja en moneda extranjera. Al 30 de enero, la caja en pesos se ubicó en $9,9 billones, es decir, $19,6 billones por debajo del promedio histórico para ese mes ($29,5 billones) y $9,3 billones inferior frente a enero de 2025”, indicaron.
En paralelo, la ejecución presupuestal muestra una aceleración frente al año anterior; ya que la ejecución de obligaciones alcanzó el 4,7% en enero, 1,6 puntos porcentuales por encima del mismo periodo de 2025. Acá se destaca especialmente el avance en compromisos de inversión y servicio de deuda, que crecieron a un ritmo considerablemente mayor que el observado un año atrás.

Por otra parte, aunque el gasto en intereses mostró una reducción relativa y habría cerrado en 2,9% del PIB, el Carf explica que esta disminución responde principalmente a operaciones de manejo de deuda que generaron ajustes contables y en consecuencia, el alivio observado no necesariamente implica una mejora estructural en la posición fiscal del país.
Así las cosas, esta autoridad cerró su informe describiendo un escenario en el que las finanzas públicas enfrentan presiones simultáneas desde varios frentes; teniendo en cuenta que el crecimiento del recaudo no ha sido suficiente para compensar el nivel de gasto, el déficit continúa elevado, la deuda mantiene una trayectoria ascendente y la liquidez del Gobierno permanece limitada.
Así, el presupuesto de esta nueva vigencia inicia bajo un contexto de incertidumbre fiscal donde las decisiones futuras dependerán del ajuste entre ingresos efectivos, necesidades de financiamiento y capacidad de caja; mientras que las dudas del Carf dejan claro que pese a los esfuerzos de ajuste realizados al cierre de 2025, el equilibrio fiscal aún no se consolida y el riesgo de desfinanciación continúa siendo un elemento central del debate económico nacional.
Fuente: Portafolio
Tomado de: https://www.portafolio.co/economia/crecimiento/presupuesto-2026-no-escaparia-del-fantasma-de-la-desfinanciacion-y-se-complicaria-por-la-deuda-y-la-inestabilidad-488852
Imagen: Fuente: Portafolio. Fotos: Imágenes generadas con inteligencia artificial. Portafolio