Crecimiento modesto, alertas fiscales y tensión política marcarán el 2026
Si bien a Colombia le fue mejor de lo esperado este año, las perspectivas advierten que vienen tiempos desafiantes.

La economía colombiana entra en la antesala de 2026 con una sensación de transición que se ha extendido más de lo previsto y aunque el desempeño reciente fue mejor al anticipado y permitió evitar escenarios más adversos, el consenso entre analistas es que el país enfrenta un cambio de ciclo inevitable, dado que el crecimiento se sostuvo principalmente en el consumo, pero este motor comienza a agotarse y no parece capaz de sostener la actividad durante los próximos doce meses.
Para José Ignacio López, presidente de Anif, la fotografía actual muestra luces y sombras, dado que “seguimos en una economía que muestra mucho dinamismo, sobre todo en el rubro de consumo”, con lo cual resalta que este impulso no es sostenible en el tiempo si se tiene en cuenta que este desempeño convive con una inflación persistente, una fuerte dependencia del gasto público, una inversión que sigue en pausa y tasas de interés que permanecerán altas durante un periodo prolongado.
Una inflación desafiante
Así mismo, uno de los consensos más claros del mercado es que 2025 dejó avances limitados en materia de costo de vida y equipos como el BBVA Research y Fedesarrollo, con su Encuesta de Opinión Financiera, coinciden en que la inflación cerrará el año por encima del 5% y que, dentro de doce meses, se ubicará cerca del 4,5%; datos que desde ya avizoran que habrá condiciones en las decisiones empresariales, fiscales y monetarias, y explican por qué el ajuste económico ha sido más lento de lo esperado.

A este panorama se suman riesgos por el lado de la oferta, punto en el que Anif advierte que sectores como vivienda, alimentos y energía enfrentan dificultades que podrían prolongar las presiones inflacionarias. Para López, “la economía avanza, pero lo hace sobre un terreno frágil, donde el costo de vida no cede con la rapidez prevista y ya se habla incluso de reflación, entendida como una inflación impulsada por el gasto público, en especial del Gobierno Nacional”.
En este contexto, el consumo privado fue el principal soporte de la recuperación reciente. BBVA Research identifica factores claros detrás de este comportamiento, como una menor carga financiera de los hogares, la apreciación del peso que fortaleció el poder adquisitivo y la reducción de la mora en el crédito de consumo. Sin embargo, resaltan que este impulso tiene límites evidentes y no cuenta con un respaldo equivalente en la inversión productiva.
Parte del dinamismo del consumo, además, estuvo asociado a ingresos no convencionales, incluidos flujos ilícitos y contratos públicos localizados; un movimiento que ha generado dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento, pues el protagonismo del gasto de los hogares no se tradujo en un aumento paralelo de la inversión y José Ignacio López admite que persisten “unas cifras de inversión que todavía no muestran quizás el impulso que uno quisiera”, lo que se convierte en un riesgo para el mediano plazo.
En esto también hay que decir que las cifras sectoriales refuerzan esta preocupación, ya que aunque actividades intensivas en empleo como comercio y transporte mostraron buen desempeño, sectores clave como construcción y minería permanecen rezagados y no hay señales de que se vayan a recuperar en el corto plazo.

En este caso, BBVA Research señala que, de cara a 2026, la inversión debería empezar a asumir un papel más protagónico, especialmente en edificaciones y proyectos productivos, aunque deja claro que esto dependerá de un entorno más favorable para los inversionistas y de una reducción de la incertidumbre institucional.
Un condicionamiento político
En este punto, el desafío central será lograr que la economía transite desde un modelo sostenido por el consumo hacia uno impulsado por la inversión; mientras que desde Anif destacan que muchos empresarios prefirieron esperar para conocer “qué hay con el cambio de administración” y si se da “un aire importante a la inversión”.
No obstante, advierte que este giro no será automático y exigirá señales claras en regulación, licenciamiento y cumplimiento contractual. Respecto al Congreso, en el mercado se espera que no haya mucho movimiento, dado que serán los últimos seis meses de los senadores y representantes que están actualmente y gran parte de sus esfuerzos estarán orientados a la contienda electoral.
“Las proyecciones económicas globales y colombianas para 2025 y 2026, según el informe, se asemejan a un convoy de trenes: la economía global es la locomotora principal, que ha revisado su velocidad al alza (crecimiento del PIB), aunque debe mantener la estabilidad (control de la inflación) para evitar descarrilamientos por riesgos como los aranceles o la incertidumbre geopolítica”, dijeron desde el BBVA Research.

En este punto se puede decir que la dimensión política añade un elemento adicional de cautela y por ello los analistas anticipan que la primera mitad de 2026 estará marcada por prudencia, tanto por la inflación alta como por las tensiones sobre la política monetaria. A esto se suma el ciclo electoral, que implicará “mucha volatilidad en el mercado local”, especialmente en el tipo de cambio, y que puede retrasar decisiones clave de inversión privada durante varios meses.
En paralelo, la inversión seguiría enfrentando cuellos de botella estructurales por cuenta de las trabas asociadas a consultas previas politizadas, licencias ambientales lentas y demoras en pagos estatales. No obstante, el mercado también espera que se retomen mecanismos de colaboración público-privada, en especial en infraestructura, un sector donde Colombia logró avances importantes en sostenibilidad, ejecución y atracción de capital privado en el pasado.
Con este telón de fondo, las proyecciones de crecimiento para 2026 se ubican cerca del potencial. Por un lado, BBVA Research estima una expansión de 2,7% y, por el otro, Fedesarrollo de 2,9%, con lo cual, aunque estas cifras confirman que la economía avanza, también reflejan que el país no logra escalar hacia tasas que permitan duplicar ingresos en horizontes razonables y es por eso que para Anif, Colombia no puede “conformarse con tasas del dos, ocho o tres por ciento”.
Sin embargo, el cierre de 2026 no necesariamente estará marcado por la misma tensión y los analistas esperan que, una vez superado el ciclo electoral, se restablezcan gradualmente los canales de inversión y se reactiven proyectos postergados, generando un contexto externo más favorable y expectativas de crecimiento estable que contribuyan a normalizar el clima económico.

No obstante, cerraron recordando que el panorama fiscal aparece como uno de los principales obstáculos para la confianza y pidieron no olvidar que el gasto del Gobierno Nacional Central aumentó de forma significativa frente a 2019, impulsado por subsidios, salud e intereses de deuda y que este desbalance obligará al próximo gobierno a replantear prioridades, avanzar en medidas de austeridad y fortalecer la ejecución, en un año que será decisivo para redefinir el motor de crecimiento del país.
Fuente: Portafolio
Tomado de: https://www.portafolio.co/economia/crecimiento/crecimiento-modesto-alertas-fiscales-y-tension-politica-marcaran-el-484788
Imagen: Isotck